Su periodo
de vida es también muy variable: hay formas anuales o bianuales
mientras que otras viven periodos muy prolongados de tiempo.
Las hay con hojas perennes y otras que las pierden anualmente en
la época menos favorable para la planta, el invierno o la
estación seca (hoja caduca o marcescente)
Su tamaño
oscila desde escasos milímetros hasta casi cien metros de
altura en algunos eucaliptos.
Suelen presentar hojas planas con nerviación pinnada y crecimiento
del tronco en grosor, aunque algunos árboles como las palmeras
y muchas formas herbáceas han perdido este crecimiento. Tienen
muy desarrollado el sistema de transporte de la savia, el xilema
y el floema, especialmente en los grandes árboles.
Los órganos
reproductivos de las angiospermas son las flores.
Una flor está formada por varios verticilos de hojas modificadas,
que reciben los nombres cáliz, corola, androceo y gineceo.
Sus hojas correspondientes se denominan sépalos, pétalos,
estambres y carpelos. Los estambres forman los granos de polen y
los carpelos forman un ovario que contiene las ovocélulas.
Del ovario surge una prolongación en forma de tubo, dominado
estilo, que lo une con un estigma en forma de plataforma donde se
depositan los granos de polen.
La fecundación se produce mediante un tubo polínico
que desarrolla el grano de polen al entrar en contacto con el estigma
y que lleva a uno de sus núcleos hasta el ovario, donde fecunda
la ovocélula para producir un embrión. El otro núcleo
del grano de polen fecunda otras dos células del saco embrionario
para producir el endospermo, soporte nutritivo del embrión
en sus primeras fases de desarrollo. Esta doble fecundación
es típica de las angiospermas.
Las flores suelen ser hermafroditas, pero evitan la autofecundación
madurando en distintos periodos estambres y carpelos.
La flor evolucionó
inicialmente para la simbiosis con insectos. Los animales transportan
el polen, reduciendo las pérdidas que supone una dispersión
por el viento, y reciben, a cambio, una sustancia nutritiva azucarada
llamada néctar. Para indicar a los insectos su localización,
las flores presentan vivos colores, generalmente en los pétalos,
y emiten aromas intensos. Secundariamente, algunas angiospermas
que se encuentran en grandes densidades, han perdido su capacidad
de polinización por animales y han vuelto al transporte aéreo,
como ocurre en las gramíneas y en muchos árboles.
Como en las
gimnospermas, la semilla pasa por un periodo de latencia en la que
el embrión, rodeado de su reserva nutritiva, es dispersado
y espera a que las condiciones sean adecuadas para la germinación.
A diferencia de las otras plantas con semillas, las angiospermas
poseen una serie de estructuras derivadas del ovario floral que
rodean a la semilla y que facilitan su dispersión. Estas
estructuras reciben el nombre de fruto.
El mecanismo de dispersión de los frutos puede ser aéreo
(forma de ala, vilano o algodonoso), por diversos modos de lanzamiento,
dispersión acuática o a través de una nueva
simbiosis con animales, a los que proporcionan frutas comestibles.
Las angiospermas
se dividen en dos grandes grupos conocidos como monocotiledóneas
y dicotiledóneas.
El filo de las angiospermas es relativamente joven a escala evolutiva.
Aparecieron en el Cretácico y desplazaron progresivamente
al resto de especies vegetales (helechos, coníferas, cicadas
y ginkos), relegándolas a ecosistemas especializados o climas
extremos. En este proceso hay una coevolución con los animales
simbiontes encargados de diseminar su polen y semillas, como determinados
grupos de insectos (abejas, mariposas, moscas) y vertebrados (colibrís
y aves frungívoras, murciélagos, monos, etc...).
Económicamente
son uno de los grupos de organismos más importante. De ellas
obtenemos alimentos a partir de sus semillas (grano de gramíneas
o semillas de leguminosas), de frutas o de otras partes de la planta
(verduras). Se obtienen también fibras textiles como algodón
o lino, materiales de construcción como maderas diversas
para la fabricación de múltiples objetos, corcho,
cañas. De estas plantas se obtienen también numerosas
sustancias químicas de utilidad en farmacia. Su papel ecológico
es fundamental como purificadoras del aire, fijadoras de CO2, sustentadoras
de suelo e intervienen en la evaporación y el régimen
de lluvias de extensas regiones.